miércoles, 6 de marzo de 2013

Estereotipo de científico



Cuando alguien piensa en un científico, ¿no se le viene a la mente la imagen de un tipo en un laboratorio con bata blanca? ¿Quizá incluso le viene a la mente el mismo Einstein? Parece mentira que el estereotipo de científico loco y solitario siga presente en nuestros días.  Todo hay que decir, que el cine y la televisión tampoco han ayudado mucho a lo largo de la historia, presentando una imagen poco positiva de los científicos. Un buen ejemplo que se me ocurre es el Dr. Emmett L. Brown de Regreso al Futuro, un científico considerado excéntrico, e incluso un poco loco, con muy pocos amigos.

Si alguna vez este estereotipo fue correcto, ahora nada más lejos de la realidad. Teniendo en cuenta esta visión poco acertada de un científico, no es extraño que a veces hasta los propios científicos no se sientan científicos, sobre todo si siguen asociando a un científico con un tipo chiflado de bata blanca.

Después de haber dicho que creo que el estereotipo de científico existente es falso, una pregunta con sentido podría ser que quién es para mí un científico. Para responder a esta pregunta me voy a basar en un micro vídeo (vídeo) que hemos visto en este primer tema del concurso de micro vídeos de la noche de los investigadores del 2010. 

Para mí, un científico puede ser cualquiera: una persona decidida, curiosa, paciente, testaruda…Y con lo de cualquiera me refiero a que no hace falta ser un genio para ser un científico.


martes, 5 de marzo de 2013

Susceptible de mejora

Un amigo, excelente científico, que ha publicado en Nature y Science me decía que si alguna vez tenía algo [...] de nivel de premio Nobel, jamás lo enviaría a una revista sin convocar antes una rueda de prensa para que no hubiera dudas sobre la prioridad de la idea, para que no hubiera riesgos de que le pudieran robar su investigación. Es triste pero es prudente.
—J. R. Alonso sobre el sistema de peer review.

domingo, 3 de marzo de 2013

Documentación científica. Resumen sesión 2 y preparación de la 3

Resumen del día 28 de febrero
Cumplimos con el programa previsto, comentamos las actividades del jueves anterior montadas por la Escuela de Doctorado (más o menos) y luego seguimos con nuestro programa, centrándonos en la documentación científica. En titulares sería:
- Distintos tipos para distintas finalidades
- El artículo como documento primario central (primera publicación de un resultado, físicamente realizada y fácilmente disponible)
- La estructura IMRAD de los artículos
- La ingente cantidad y la necesidad de fuentes secundarias
- El papel de los congresos en el proceso de creación científica
- Cómo las actas de congresos no valen (en general, aunque hay excepciones, y cada vez más) como publicación científica al no cumplir la disponibilidad.
- ¿Me dejo algo?

Tareas
En primer lugar queda terminar la de la sesión anterior. Las que había eran muy cuidadas y bastante extensas, fijando un estándar bastante alto, lo que desanima a ponerse con las siguientes... Avisé allí e insisto aquí en que es mejor hacer comentarios a vuelapluma e ir al día que dejarse amontonar actividades aunque al final se hagan con mucho esmero.

Para la semana siguiente (sesión 3) quedamos en que cada uno buscaría algunos documentos científicos (entre 2 y 4, al menos uno que fuera una paper estándar de la propia disciplina) y comprobaría con que estructura están redactados, si es la IMRAD, una más didáctica, más biográfica o qué.

Comentamos la posibilidad de alinear muchas tareas en un único proyecto global: escribir un artículo de verdad e intentar publicarlo. Iremos concretando la idea en próximas sesiones.

Para la próxima sesión
La siguiente clase será el jueves 7 de marzo en el mismo sitio de la anterior (segundo piso de Los Tjos). Continuaremos con la documentación científica desde el punto de vista del que la ha de leer. Los temas contrales serán: revisión por pares, búsqueda y almacenamiento de los documentos encontrados, ventajas de la estructura IMRAD a la hora de usar la documentación con diferentes fines. Terminamos de leer lo que nos falte de la etiqueta Tema2 del blog de contenidos (i.e. ESTO)

viernes, 1 de marzo de 2013

CIENCIAS DURAS Y CIENCIAS BLANDAS

                En el siglo XIX se separó una ciencia mecanicista y determinista (lo que se atribuye a ciencias duras) cuyo objeto era comprender la totalidad de la naturaleza (Laplace, Kelvin, Lagrange…) de unas disciplinas humanísticas (ciencias blandas) que abarcarían el lado romántico, idealista y sublime del hombre y sus creaciones diferenciándose de todo lo natural – la civilización, historia, derecho, arte, poesía, política- (Rousseau, Hegel, Ruskin, etc.).
                Llama la atención que al hablar sobre ciencias duras se utiliza la palabra mecanicismo cuya definición en el diccionario de la RAE es: “Doctrina según la cual toda realidad natural tiene una estructura semejante a la de una máquina y puede explicarse mecánicamente”. A partir de Descartes, el término mecanicismo se define también como la teoría según la cual la Naturaleza misma no es más que una máquina, o bien que la estructura y el funcionamiento de la Naturaleza es comparable al de una máquina.  Se llega, entonces, a la conclusión de que esta filosofía niega todo lo espiritual y lo relacionado con lo metafísico, al menos, en su participación en el funcionamiento de la naturaleza, y que, por lo tanto su creencia en el materialismo.
                En cuanto a las ciencias blandas se habla de romántico o idealista. La idea del romanticismo (filosófico) es la reacción contra el clasicismo, el intelecto, y la razón de la civilización  basándose en la emoción subjetiva y la espontaneidad del acto creativo. El idealismo filosófico tiene como definición: “Sistema filosófico que propone la idea como principio del ser y del conocer, por encima de cualquier consideración práctica”. Es decir el idealismo afirma la preeminencia de la conciencia sobre la materia y que el mundo material que pretendemos conocer es sólo una creación del mundo ideal. Por lo tanto esta corriente filosófica defiende lo espiritual sobre lo material.
                Queda claro como las ciencias duras se dedican al estudio del funcionamiento de la naturaleza mediante el experimento y la conclusión y que sus resultados se podrán predecir bajo unas condiciones dadas del entorno. Sin embargo, las ciencias blandas se ocupan, además, de la parte sentimental y emocional del ser humano. Su experimentación se basa a través del comparativismo, es decir a través de la utilización del método comparado con experiencias análogas que se dan en otros países o en otros momentos o en otras situaciones; y, más recientemente, también la apropiación por parte de las ciencias sociales del llamado criterio sistémico. En estas ciencias se estudia además todo lo relacionado a la metafísica y a lo espiritual, al contrario que la ciencias duras, que todo tiene una explicación mediante fenómenos explicables y predecible en cuanto a su comportamiento. Es decir, las ecuaciones de Maxwell se cumplen siempre, sin embargo, el comportamiento de una población de un país determinado será mucho más impredecible.
                 Generalmente, suele hablarse de ciencias duras para referirse a las matemáticas y la física, debido a que tradicionalmente han logrado alcanzar un alto grado en la formalización matemática de sus teorías, así como un gran poder predictivo, “en general”. Por el contrario, las denominadas ciencias blandas se encuentran en un estado de desarrollo que no ha dado lugar “aun” a tales logros. Y aquí entran tanto las ciencias experimentales, como las sociales y las denominadas humanidades. Sin embargo, obviamente, hay grados de dureza-blandura dentro de las diferentes disciplinas de una misma ciencia. A las Ciencias duras le seguirían las químicas y biológicas, por su grado de “madurez”. Estas dan lugar a constructos teóricos que “suelen” ser más fáciles de corroborar-refutar que los de otras disciplinas. Las subdisciplinas llamadas históricas (como la paleontología, geomorfología, etc.), por ejemplo, son más blandas que las que permiten experimentación y replicabilidad, generalmente haciendo uso de diseños experimentales de laboratorio. “La historicidad” siempre acarrea problemas de diferente índole.
                Para terminar, voy mencionar, como anédcota lo que encontré en un foro con esta frase que introduce el tema a debatir: “quiero saber que opinan al respecto. ¿Es el póker una ciencia blanda, o sea lo más importante es preocuparse de los jugadores y no tanto de las cartas? ¿O bien, es una ciencia dura, donde lo más importante son las estadísticas..?”
http://www.pokerchile.cl/foro/showthread.php?9383-Poker-Ciencia-blanda-o-ciencia-dura

Referencias:
http://www.madrimasd.org/blogs/universo/2010/01/31/135123

El lado humorístico de la documentación científica

La documentación científica, más concretamente los papers, debido a la rigidez en su estructura, a la rigurosidad y la seriedad que entrañan, se prestan a la parodia con facilidad. Estos días andan circulando tres excelentes ejemplos, pero seguro que conocéis muchos más (me refiero en todo momento a piezas humorísticas realizadas a tal efecto, porque la ciencia también nos regala a veces estudios que resultan involuntariamente risibles; véase si no, a modo de ejemplo, A closer look on tumbling toast).

Mario Herrero compartía en la lista de Naukas un pseudopaper de un doctorando italiano que al parecer lleva circulando varios años (el artículo, no el doctorando, espero). Lleva por título Foundations of Gauge Theology, y realiza una reinterpretación de las propiedades de Dios bajo el prisma de la Teoría Cuántica de Campos para superar las deficiencias de la Teología Clásica... Lo que viene siendo un físico teórico con falta de horas de sueño, vamos. La primera referencia que aparece, por supuesto, cita a la Biblia. Y por enredar, no con menos guasa (y razón), César Tomé aprovechó para darnos una pequeña lección:
No es por enredar (o sí) pero la primera frase es falsa.
Ni toda teología ha considerado a dios/dioses omnipotente/s y omnipresente/s, ni siquiera la teología judía prerabínica lo ha hecho. Por otra parte la cita [1] es incompleta, pues Biblia es un nombre genérico: hay que especificar versión no sólo de los textos originales (por ejemplo Septuaginta / Vetus latina / Vulgata y dentro de éstas si es la versión alejandrina o la vaticana) sino también a qué compilación de libros bíblicos canónicos nos referimos (no es la misma la ortodoxa, que la católica que la protestante) y en el caso de que sea una traducción a una lengua moderna cuál es esta: en el caso del español, por ejemplo, de la biblia de Jerusalén (la que usa el Vaticano y editada en Bilbao) a la del Nuevo Mundo va un abismo. y esto es suponiendo que nos estamos refieriendo a una biblia cristiana y no a la Tanaj judía, claro.
Demasiados problemas con la frase de inicio como para seguir leyendo.
No le queda a la zaga esta genial propuesta de matrimonio en forma de paper: Two Body Interactions: A Longitudinal Study. A este respecto, Iván Rivera apuntaba apropiadamente que «Quién hubiera dicho que en esa fase de la interacción de dos cuerpos el \LaTeX{} pudiera ser tan útil como el látex».

Por último, de la mano de Fernando Frías llego a Towards a Quantum Mechanical Interpretation of Homeopathy (está claro que la mecánica cuántica vale para todo...), uno de los múltiples ejemplos que podemos encontrar en Improbable Research, una organización que «recopila (y a veces conduce) investigaciones improbables»: «investigaciones que hacen reír y después pensar». Y además publican una revista llamada Annals of Improbable Research. Y además son los administradores de los premios Ig Nobel.

jueves, 28 de febrero de 2013

El enfoque científico... ¡está por todas partes!

Cada vez más. Afortunadamente.

Soy seguidor de diversos blogs que escriben sobre esta nuestra maravillosa lengua. Son escasos los artículos que producen, pero están entre los que más disfruto de mis lecturas habituales, y suelen acabar muy frecuentemente citados en alguno de mis artículos (curiosamente, no tengo una categoría específica para ello y al final terminan en el cajón de sastre Curiosidades). Hoy no va a ser una excepción en ese sentido y, aunque me esté extralimitando en mis obligaciones, no podía dejar de compartirlo con vosotros: Miguel A. Román, siempre brillante en su blog Román Paladino, adscrito a Libro de Notas, nos brinda un Desmadre (ortográfico) en la Universidad.

¿Cuántas veces habremos oído eso de que «los jóvenes de hoy escriben peor por culpa de los móviles»? (Los tiempos cambian rápido, por cierto; de un tiempo a esta parte, ya se ha convertido en «por culpa de las redes sociales»). Eso es lo que se pregunta dicho artículo. ¿Se trata verdaderamente de un problema moderno o son achaques históricos? He aquí la duda ante algo aparentemente de sentido común, el primer síntoma de que la razón se abre paso en nuestro interior.

De hecho, podemos encontrar numerosos testimonios críticos con la destreza en la escritura de los más jóvenes, testimonios que pertenecen a diversas épocas y diversos países y que resultan sorprendentemente actuales. Recomiendo leer los ejemplos del artículo original. Uno en concreto, de 1985, culpa a la televisión y el cine de la decadencia de la lectura y la escritura. Y atentos que aquí viene el enfoque científico. Dice el señor Román:
Ignoro si los autores disponían de estudios estadísticos fiables de cómo escribían los universitarios costarricenses “de generaciones anteriores” para poder comparar y afirmar sin duda que “se lee muchísimo menos” y que era la influencia del cine y la televisión la causa probable del desmadre en aquellos años.

Y entiendo que, en cualquier caso, a eso habría que añadir un factor corrector del perfil económico y cultural de los estudiantes que accedían a la universidad en los años 50-60, que, al menos en España, eran normalmente varones hijos de familias pudientes.

[...]

Y, en definitiva, tengo para mí que los universitarios y estudiantes de secundaria de hoy en castellano no escriben destacadamente peor que hace décadas ni que en otras lenguas; aunque si alguien posee estudios serios y basados en pruebas objetivas y estadística comprobable que muestren la evolución en ese aspecto estoy dispuesto a rectificar y admitirlo.
Ya veis. La ciencia es la única vía para generar conocimiento válido. Hasta «los de letras» se dan cuenta. (Que nadie se tome en serio esta última frase).

EL “BOOM” DE LA CIENCIA



Nagasaki e Hiroshima, sólo con nombrar estas dos ciudades nos viene a la cabeza la bomba atómica. Sin embargo, otra ciudad es el nombre del proyecto que desarrolló dicho artefacto, el Proyecto Manhattan. Este proyecto reunió a científicos punteros de la comunidad internacional como Albert Einstein o Robert Oppenheimer. Fue pionero ya que por primera vez se realizó una inversión de gran calibre monetario en un grupo de investigación científica. El resultado del proyecto fue catastrófico para los vecinos de las ciudades japonesas, por otra parte, el proyecto fue un éxito en cuanto al objetivo del mismo: crear una bomba tan destructiva que acabase con la segunda guerra mundial. Antes no se habían realizado inversiones de este tipo ni se habían obtenido resultados que sorprendiesen de tal manera al mundo entero. Tras ello quedó claro: invirtiendo en ciencia se pueden conseguir cosas hasta el momento inimaginables.

En el siglo XVIII, los desarrollos tecnológicos eran producto del trabajo de inventores hábiles. En el XIX se comenzaron a constatar las posibilidades industriales de ciertos desarrollos científicos en química y electricidad, o en la utilización de nuevas fuentes de energía, sin embargo la labor de los científicos era mayormente divulgativa. Una vez entrado el siglo XX, el proyecto Manhattan supuso una lanzadera de la actividad científica como profesión.  Al finalizar la guerra Vannevar Bush escribió el famoso texto “cómo podríamos pensar” donde se propone un nuevo escenario científico en la sociedad de aquel tiempo. El conocido como laissez-faire.

Surgió así la llamada macrociencia (cuyo máximo exponente es la exploración espacial), con objetivos plurales, tanto científicos y tecnológicos, como militares, políticos y estratégicos. Los años 60 y 70 suponen un momento de revisión y corrección del modelo lineal de Vannevar Bush, los poderes públicos encauzan el desarrollo científico-tecnológico y supervisan sus efectos sobre la naturaleza y la sociedad. Comienza entonces la llamada tecnociencia, con la que  se han dado las revoluciones de los transportes, electrodomésticos, telecomunicaciones y las computadoras…

Muchos científicos se arrepintieron de participar en el proyecto Manhattan, como Einstein: “debería quemarme los dedos con los que escribí aquella primera carta a Roosevelt”. El resultado fue catastrófico y no se puede negar que el desarrollo de la bomba atómica supuso un boom científico, que ha desembocado en que hoy en día sea normal leer este texto en un teléfono móvil y que el número de científicos en todo el planeta sea innumerable.


Lectura recomendada aquí.